Yo no tengo hermana, por eso tenía que conocer a "La Chorla".
"La Chorla" habla sin parar. Habla hasta cuando está callada. Y a veces dice cosas como "a veces me canso de mí misma", que es una de esas frases que te quedas pensando un rato y no pillas...
Hasta que lo pillas... Y te resulta extraño que "La Chorla" diga eso. Porque "La Chorla" es como yo: es fan del número 7, los bares de Lavapiés, Muchachada Nui -¡¡Nuí!!- enamorarse hasta las trancas y beber cervezas hasta parar el mundo. Pero "La Chorla" está mu loca. Y tiene un don.
"La Chorla" tiene el don de ser ella misma sin importarle lo que los demás piensen de ella.
Esto parece que es algo que tiene mucha gente, que es una tontería, un cliché más trillado que acabar una peli subiendo la cámara al cielo... Pero yo creo que casi nadie es así. O sea... "asín".
La última felicitación de mi cumple ha sido de ella, diez minutos antes de las cero horas.
-La última llamada antes de que acabe el día...
-Tía, ¿estás dormida, no?
Horas antes, me había cantado medio borracha "cumpleaños feliz" rodeada por "El Lupas" y "La Calambre" (otro día hablaré de estos seres de la noche)... Y siempre me ha parecido deleznable que te canten
cumpleañosfeliz, hasta que te lo balbucean por teléfono a casi 600 km de distancia.
Cosas así hacen que te plantees si mereció la pena abandonar Lavapiés... Pero sí, lo mereció. Y no sólo por el trabajo, la gente... También por la ciudad, por la Barceloneta, la waikiki, las primeras palabras en catalán -bon día, adeu, deu ni dó, molt be, poc a poc, qué fem?, bon cap de semana...- el Medi y el 37 grados, la plaza del Tripi, bajar en bici -y caerte dos veces- el Paseo de Gracia, el antikaraoke del Sidecar, los locos del Cruma y los pakis de "cerveza güan biar, muy fría amigo".
Por esto y diecisiete mil cosas más, mereció la pena venir aquí, aun dejando lejos a mi hermana.
Porque ahora, "La Chorla" tiene su segunda casa en Barcelona.
Y yo tengo un ático, piso 7, en pleno centro de Madrid.