Domingo. Te levantas y hace sol. Te estiras. Nana te ve y te imita, como si aquello fuera la mejor idea de la historia de las ideas. Porque ella, en esta vida de cinco meses, no quiere perderse nada.
Bebes agua. Dices adiós a un principio de resaca. Sabes que estarás bien. Sales a la calle sin lavar, sin peinar, con un pantalón casi destrozado y en chanclas. Compras EL PAÍS, el ritual. "Sin película, por favor". Encuentras dos amigas en una terraza, compartes con ellas los primeros minutos de la mañana. "¿Dónde vais?" "Al Rastro, a comprar geranios". Las dejas un rato con Nana y compras pan, el mejor pan de Madrid, en la mejor panadería de Tirso de Molina. "Ése, el rústico ése". Vuelves a casa, Nana bebe agua y lo organizas todo para el primer mejor momento del día. Es ahora cuando lees el suplemento (siempre, primero, el suplemento) y desayunas con la calma de un domingo que acaba de empezar. Un domingo soleado y perfecto.
Lees esto y te planteas si poner en Facebook "Yo, de mujer, quiero ser Rosa Montero". Radio 3 sigue sonando, decorando la mañana, y sabes que tras verte otro capítulo de "The Big Bang Theory" seguirás escribiendo esa peli que está revolucionando tu vida... Y que luego, cuando te canses, cogerás a Nana, el long board y os iréis surfear juntos las olas que inundan el Retiro.
Es domingo. Domingo en Madrid. Y hace un sol de escándalo.
domingo, 6 de marzo de 2011
viernes, 4 de marzo de 2011
Mitocondria
Hay días que no apetece actuar. Estás cansado, temes que no venga nadie y, básicamente, te quieres quedar en casa viendo un capítulo de "Band of Brothers", echarte la manta y olvidar.
Ayer era uno de ésos. Y eso que estaba en el Marimba. Es decir, en casa.
Eran las diez y el bar estaba vacío. "Llevamos así varios días, no sabemos qué está pasando", me decían los marimberos. Tal como iba la noche, no iba a tardar mucho en volver a casa, dejarme morder por Nana y recorrer la II Guerra Mundial de la mano de Spielberg.
Y de nuevo, otra vez... Ocurrió.
Llegaron conocidos. Llegaron desconocidos. Y salió uno de esos bolos que te ayudan a recordar que haces esto porque te da la gana, porque te da un subidón de energía... y porque disfrutas.
Dicen que la función principal de las mitocondrias es la de producir energía. Proporcionan el 90 por ciento de la energía que necesita la célula. Ayer necesitaba cuatro raciones de mitocondrias para mantenerme en pie. Menos mal que uno del público se dio cuenta... Y la añadió en la carta.

Gracias, mitocondrias, de parte de todas y cada una de mis células.
Ayer era uno de ésos. Y eso que estaba en el Marimba. Es decir, en casa.
Eran las diez y el bar estaba vacío. "Llevamos así varios días, no sabemos qué está pasando", me decían los marimberos. Tal como iba la noche, no iba a tardar mucho en volver a casa, dejarme morder por Nana y recorrer la II Guerra Mundial de la mano de Spielberg.
Y de nuevo, otra vez... Ocurrió.
Llegaron conocidos. Llegaron desconocidos. Y salió uno de esos bolos que te ayudan a recordar que haces esto porque te da la gana, porque te da un subidón de energía... y porque disfrutas.
Dicen que la función principal de las mitocondrias es la de producir energía. Proporcionan el 90 por ciento de la energía que necesita la célula. Ayer necesitaba cuatro raciones de mitocondrias para mantenerme en pie. Menos mal que uno del público se dio cuenta... Y la añadió en la carta.

Gracias, mitocondrias, de parte de todas y cada una de mis células.
viernes, 25 de febrero de 2011
Microteatro
A Agus, Ángel, Aroa, Cris, Cris, Dani, Lavinia, María, Mayte...
...a Verónica, por ceder su espacio y prestarme un cielo...
...a Miguel y sus secuaces, por casi-casi conseguirlo...
...a la correa de la guitarra, por generar tensión...
...al micrófono, por abandonarme un rato...
...y, cómo no, a los malotes de la clase...
Gracias. Os debo una.
...a Verónica, por ceder su espacio y prestarme un cielo...
...a Miguel y sus secuaces, por casi-casi conseguirlo...
...a la correa de la guitarra, por generar tensión...
...al micrófono, por abandonarme un rato...
...y, cómo no, a los malotes de la clase...
Gracias. Os debo una.
lunes, 7 de febrero de 2011
Impares
Una de las mejores experiencias como guionista fue trabajar en Impares.
Además, con algo de suerte, podían liarte para aparecer en alguna cita.
Yo tuve mucha y sólo tuve que hacer lo que mejor se me da: el tonto.
Y bueno... Ya conté aquí por qué me descartaron como atracador.
Pero no nos engañemos... Mejor. Mucho mejor.
Yo siempre he querido ser cantautor.
Lo dicho. Un hit.
Además, con algo de suerte, podían liarte para aparecer en alguna cita.
Yo tuve mucha y sólo tuve que hacer lo que mejor se me da: el tonto.
Y bueno... Ya conté aquí por qué me descartaron como atracador.
Pero no nos engañemos... Mejor. Mucho mejor.
Yo siempre he querido ser cantautor.
Lo dicho. Un hit.
jueves, 3 de febrero de 2011
Marimba
El día empezó genial. Con una llamada de mi madre. Ya sabéis cómo es esto, la típica llamada de madre... "hola hijo, qué tal, ¿tienes leche? ¿tienes aceite? ¿tienes novia?". Un clásico. Y algo que me dejó loco. Algo muy, muy bonito: "Cariño, quiero que sepas que un día como hoy, hace 35 años, me enteré de que estaba embarazada de ti". Precioso, ¿eh? Claro, yo estaba emocionado: "Y qué tal, mamá, ¿cómo fue, qué sentiste, cómo se lo tomó papá, dónde fuisteis a celebrarlo?" Luego no sé qué pasó, pero se cortó. Y claro. Como mi madre no es de dejar las conversaciones a medias, dejé avanzar el día esperando su llamada. Y llegó la noche... Y así, el Marimba.
Y vinieron todos. Sí, sí, todos los que fueron. No faltó nadie que no fuera.
Y salió un bolo precioso. Y otro cuento espectacular.

Gracias, de verdad. Es un regalo contar con esas risas, esas miradas...
Sólo faltó la llamada de mi madre.
Pero yo creo que está al caer.
Y vinieron todos. Sí, sí, todos los que fueron. No faltó nadie que no fuera.
Y salió un bolo precioso. Y otro cuento espectacular.

Gracias, de verdad. Es un regalo contar con esas risas, esas miradas...
Sólo faltó la llamada de mi madre.
Pero yo creo que está al caer.
martes, 1 de febrero de 2011
jueves, 27 de enero de 2011
Gente que conozco y quiero (VIII)
Siempre lo he dicho: "No, no me veo capacitado para tener un perro ahora... Un perro es mucha responsabilidad. Un perro no". Por eso, llevo dos meses compartiendo piso con Nana, una perra.
Nana vivió sus primeros días en un contenedor de basura. Cuando la encontré, pensé que el dueño había cometido un salvaje error. La había metido en el de envases. Lo peor es que Nana no lo ha superado aún y ahora destroza todo lo que está hecho de plástico: bolsas, globos, Cher... Y, sobre todo, botellitas de agua vacías. Hay botellas tan atemorizadas que, para no ser atacadas, se han rellenado de agua solas.
Aunque es verdad que no la encontré yo. La encontró una amiga mía muy hippie y la rescató. Bueno, a Nana... y al resto de sus hermanos. El día que la dio fue muy bonito. Como mi amiga es muy bohemia, hicimos el ritual de entrega en La Tabacalera. Allí me dijo que Nana "tiene un corazón en el pecho". Se ve que, en el vocabulario hippie, "tener un corazón en el pecho" significa "tener una mancha de color diferente al resto del perro".
Eso sí. El nombre me vino a la cabeza al momento: "Nana". Y a la gente le encanta. Me lo dicen constantemente: "Qué bonito... Nana... como las canciones de cuna..." O: "Qué mona... Nana... como la perra de Peter Pan". Claro, a ver cómo explicas luego que se llama Nana porque es el nombre de la protagonista de "Vivir su vida", de Godard, una película sobre una puta.
Pero es verdad que es una responsabilidad. Antes de comer tú, piensas en que coma ella. Nana tiene una aspiradora en el estómago que sólo la enciende para comer. Absorbe la comida con tanta fuerza que hay días que, entre sus heces, he encontrado a un vecino.
Es que lo más difícil de tener un cachorro es educarle. Pero Nana aprende, poco a poco. Le pongo periódicos en un sitio de la casa para que pueda hacer allí sus necesidades... Y ahora, Nana sigue haciendo pis donde quiere, pero ha aprendido a escribir editoriales.
Lo que sí es verdad es que es toda una experiencia. Es casi como tener un bebé. Porque cuando tienes un perro te alegras de todo lo que hace. Ayer, me dijo una amiga: "Mira, mira, ha ladrado". Bueno, es una perra. Lo increíble hubiera sido que cantara un gol del Barça.
Porque a Nana no le gusta el fútbol. Dice que un deporte sin morder no es deporte. Pero si hay algo que no le gusta, es el invierno. Es más, lo detesta. De ahí que haya decidido destruir todo lo que tenga que ver con él, como abrigos, calcetines, guantes. Ah. Y si cuelga, como las bufandas, mucho mejor. Espero que no le pase igual con el verano, porque siempre he sido aficionado al nudismo.
Pero no todo es jauja. Ojo. A veces nos peleamos... El otro día le grité: "¡No, Nana! ¡Ahí no! ¡Ya te he dicho que no! ¿Pero es que no me entiendes cuando te hablo?" Nana se me quedó mirando un rato seria, muy seria; y al día siguiente escribió un editorial sobre el maltrato.
Ahora, Nana duerme en su sillón favorito. No sabe que estoy escribiendo esto, y mucho menos que lo va a leer gente que ni siquiera la conoce, pero creo que a estas alturas está completamente desprovista de pudor. De hecho, siempre va desnuda. Y sólo espero que, cuando la casera lo sepa, comprenda que Nana ha visto amaneceres desde un cubo de basura, desnutrida, maloliente... Y hoy es la reina de una buhardilla en Lavapiés.
Nana vivió sus primeros días en un contenedor de basura. Cuando la encontré, pensé que el dueño había cometido un salvaje error. La había metido en el de envases. Lo peor es que Nana no lo ha superado aún y ahora destroza todo lo que está hecho de plástico: bolsas, globos, Cher... Y, sobre todo, botellitas de agua vacías. Hay botellas tan atemorizadas que, para no ser atacadas, se han rellenado de agua solas.
Aunque es verdad que no la encontré yo. La encontró una amiga mía muy hippie y la rescató. Bueno, a Nana... y al resto de sus hermanos. El día que la dio fue muy bonito. Como mi amiga es muy bohemia, hicimos el ritual de entrega en La Tabacalera. Allí me dijo que Nana "tiene un corazón en el pecho". Se ve que, en el vocabulario hippie, "tener un corazón en el pecho" significa "tener una mancha de color diferente al resto del perro".
Eso sí. El nombre me vino a la cabeza al momento: "Nana". Y a la gente le encanta. Me lo dicen constantemente: "Qué bonito... Nana... como las canciones de cuna..." O: "Qué mona... Nana... como la perra de Peter Pan". Claro, a ver cómo explicas luego que se llama Nana porque es el nombre de la protagonista de "Vivir su vida", de Godard, una película sobre una puta.
Pero es verdad que es una responsabilidad. Antes de comer tú, piensas en que coma ella. Nana tiene una aspiradora en el estómago que sólo la enciende para comer. Absorbe la comida con tanta fuerza que hay días que, entre sus heces, he encontrado a un vecino.
Es que lo más difícil de tener un cachorro es educarle. Pero Nana aprende, poco a poco. Le pongo periódicos en un sitio de la casa para que pueda hacer allí sus necesidades... Y ahora, Nana sigue haciendo pis donde quiere, pero ha aprendido a escribir editoriales.
Lo que sí es verdad es que es toda una experiencia. Es casi como tener un bebé. Porque cuando tienes un perro te alegras de todo lo que hace. Ayer, me dijo una amiga: "Mira, mira, ha ladrado". Bueno, es una perra. Lo increíble hubiera sido que cantara un gol del Barça.
Porque a Nana no le gusta el fútbol. Dice que un deporte sin morder no es deporte. Pero si hay algo que no le gusta, es el invierno. Es más, lo detesta. De ahí que haya decidido destruir todo lo que tenga que ver con él, como abrigos, calcetines, guantes. Ah. Y si cuelga, como las bufandas, mucho mejor. Espero que no le pase igual con el verano, porque siempre he sido aficionado al nudismo.
Pero no todo es jauja. Ojo. A veces nos peleamos... El otro día le grité: "¡No, Nana! ¡Ahí no! ¡Ya te he dicho que no! ¿Pero es que no me entiendes cuando te hablo?" Nana se me quedó mirando un rato seria, muy seria; y al día siguiente escribió un editorial sobre el maltrato.
Ahora, Nana duerme en su sillón favorito. No sabe que estoy escribiendo esto, y mucho menos que lo va a leer gente que ni siquiera la conoce, pero creo que a estas alturas está completamente desprovista de pudor. De hecho, siempre va desnuda. Y sólo espero que, cuando la casera lo sepa, comprenda que Nana ha visto amaneceres desde un cubo de basura, desnutrida, maloliente... Y hoy es la reina de una buhardilla en Lavapiés.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)